jueves, 26 de noviembre de 2009

Aquél




Yo soy aquél que, ignominioso, sigue de frente los que considera sus errores, y aunque los finaliza brutalmente abrumado por las ansias de escape, como aquellos soñadores que nunca escaparon al exterminio y murieron, bien lo saben, como las botas puestas, considero que, falle lo que falle, fallo, y acierte lo que acierte, inesperadamente, segun quien lo mire, tambien es un fallo. Así que, ¿ que mas dará ser yanki en el Japón que puta en plena Gran Via? Juego mi papel tan bien como el que más, y, mejor, porque, sinceramente, aquí el mayor fallo, desde el principio, era yo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

"En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte."

L. Alberto De Cuenca.

lunes, 23 de noviembre de 2009


Esta noche me he acostado con Whitman, literalmente, y me he levantado con una sensación extraña de no ser yo mismo quien estaba ahí. No se si tendrá algo que ver que a él le gustaran los jovencitos. Aunque merece la pena acostarse con estos versos.

Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen
de todos los poemas,
poseerás lo bueno de la tierra y del sol…aún quedan
millones de soles.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Madre


Salió de la habitacion como vino, haciendo un suave "click" con el pestillo de la puerta. Siempre habia sido dulce, hasta para eso. Bajó las escaleras del edificio sin darse apenas cuenta y tomo un rumbo incierto que la llevó a un parque. Era invierno, y aquella era la ciudad de los copos de nieve, y hacia frío. Se sentó en uno de los bancos de madera con estalactitas de hielo. Aquel sitio estaba desierto, nadie en su sano juicio salía a las 12 de la noche en pleno invierno, pero eso a ella no le importaba. A pesar de ser dulce notaba cómo la ira la invadía por dentro. Pocas veces se había enfadado de verdad y menos eran las que lo había demostrado, pero aquello la enfurecía cada vez más, precisamente porque no lo entendía.


No entendía porqué, precisamente ahora, él decia todo esto. Imaginó miles de excusas mientras mordía los guantes del frío pero no podía quedarse con ninguna. Era injusto. Aunque a ella los años le habían demostrado que el mundo podia ser demasiado cruel, en este momento había tenido la esperanza de que cambiase, de que por fin, siendo justa como siempre había sido, la vida le recompensase con un mínimo, ella solo pedía un mínimo. Pero otra vez había escuchado las mismas mentiras vanas, los mismos miedos expresados bajo excusas razonables.

De repente tuvo la sensación de tumbarse en aquel banco y dejarse llevar, sería muy fácil caer en el sopor del frio y apagarse poco a poco, sin darse apenas cuenta. Terminaría asi su larga espera de la esperanza y del éxito, de lo que creía honorable y de lo que no. Al día siguiente la encontrarían así, congelada en postura fetal mordiéndose los guantes, semejante a una estatua de cristal de hielo, de las que mueren por el calor. Precisamente ella, en su vida, había sido un foco de calor para el mundo, y el mundo solo le había devuelto hielo. Estuvo a punto de sucumbir a la tentación de morir, pero, como suele ocurrir, no era tan valiente como para afrontar la muerte.

Ella, tan justa, tan dulce, era una cobarde. Y una egoísta por pensar así. No sabía cuántas horas habían pasado desde que se sentó en el banco pero al levantarse notó pegada la ropa a él. Estaba casi amaneciendo y la atmósfera era de un color ocre apagado.

Caminando sonrió. Él no lo sabía, pero hoy, antes de las excusas vanas y razonables, ella le iba a declarar que él era su apuesta personal. No era justo que el mundo le respondiese así, cierto, pero tampoco hubiera sido justo quedarse allí, en aquel banco, a morir. Hubiera sido egoísta porque, por primera vez en su vida, habia comprendido que su verdadera apuesta personal estaba naciendo ahora mismo en su vientre. Esa era su única excusa razonable, y a pesar de lamentar no compartirla con él, se sintió extrañamente feliz.

Ser madre eliminaba la palabra "egoísmo" del diccionario.


Aquella noche follamos. Entonces, al salir del servicio ella giró hacia la izquierda para la mesa de estudio y yo me encaminé a la salida de la biblioteca. Y una vez en el césped mirando el vasto cielo no dejaba de preguntarme en qué carajos estaba fallando mi vida.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Si no te tuviera




Si no te tuviera, no sabría lo difícil que es sentarse a esperar a la nada.

Si no te tuviera tendría que preguntarme que significan los atardeceres.

Si no te tuviera me haría el loco sabiendo que no lo estoy.

Si no te tuviera pensaria demasiado, actuaria poco y me sobrevaloraría mucho.

Si no te tuviera acabaría aceptando mis propios barrotes.

Si no te tuviera seguiría sin comprender porqué el pastel es un color.

Si no te tuviera el sonreir estando solo serian cosas de locos.

Si no te tuviera la palabra "sentido" seguiría siendo muda para mis oidos.

Si no te tuviera la valentía quedaría solo para los niños.

Si no te tuviera no sabría que con el mero hecho de estar contemplandote se puede ser feliz.

Si no te tuviera no hubiese comprendido que un sacerdote jamás comprendería lo que nosotros comprendemos.

Si no te tuviera el lago hoy sería solo agua estancada.

Si no te tuviera, no te viese, no te sintiese, no te escuchase, no te temiese...

Si no te tuviera, creo que hace mucho que mi corazon te habría creado.